Por: Tomás Unger
Desde que Copérnico sacó a la Tierra del centro del universo, la humanidad ha estado fascinada por la posibilidad de vida en otros mundos. Hace poco mostramos en esta página por qué las probabilidades están abrumadoramente a favor de la existencia de vida inteligente en otros lugares del universo. También explicamos por qué las probabilidades, también en forma abrumadora, están en contra de cualquier contacto con ellas. Ahora los astrónomos han calculado las probabilidades de vida en nuestra galaxia, la Vía Láctea.
Un reciente artículo en la revista “Sky & Telescope” da las cifras. Eliminadas las estrellas cercanas al centro de la galaxia, donde la actividad y explosiones de supernovas son disruptivas, y las del borde exterior pobre en elementos pesados, queda un anillo central. De este anillo eliminan las estrellas binarias, las masivas de corta vida y las enanas rojas, por tener condiciones adversas. Finalmente les quedan 25 millones de estrellas con por lo menos un planeta con condiciones que se aproximan a las de la Tierra. Si a esto se añade los satélites, la cifra pasa de mil millones.
FORMAS DE VIDA
Cuando hablamos de vida, generalmente pensamos en organismos multicelulares, plantas y animales, basados en la fotosíntesis, el proceso por el que las plantas producen carbohidratos con agua y CO2 y liberan oxígeno usando energía solar. Esta forma de vida requiere luz y tiene restricciones muy limitadas de temperatura, presión y acidez.
Pero en la Tierra abunda la vida fuera de estos parámetros. Los microorganismos unicelulares más antiguos*, llamados arqueas, y ciertas bacterias no requieren de luz ni oxígeno. Es más, soportan temperaturas a las que hierve el agua y a las que se congela. Las arqueas y bacterias, llamadas procariotes (células sin núcleo), son mucho más abundantes que todas las formas de vida multicelular; prosperan en las fosas submarinas donde aflora lava, bajo los hielos y en los fondos marinos árticos. A lo largo de los 60.000 km de fosas, donde se separan los fondos marinos, existen ecosistemas hidrotermales donde prosperan estos organismos. Una expedición científica de la NASA acaba de enviar al Caribe el barco Hatteras con un minisubmarino, a fin de investigar la fosa de las islas Caimán. Allí esperan encontrar bacterias cuyo metabolismo funciona con ácido sulfhídrico, hierro y otros elementos, sin luz ni oxígeno, con el calor de la lava que aflora.
LA VIDA EXTRATERRESTRE
Con excepción de la película “La amenaza de Andrómeda” de 1971, basada en la novela de Michael Crichton, las historias de ciencia ficción presentan una vida extraterrestre similar a nuestra vida multicelular. Sin embargo, la vida terrestre se originó en condiciones extremas con organismos unicelulares que demoraron miles de millones de años en evolucionar. Los originales aún están con nosotros. Si en otro mundo también surgieron en condiciones extremas que se han mantenido, pueden haber evolucionado para adaptarse a ellas.
Es posible que hayan evolucionado creando organismos multicelulares complejos con una química y metabolismo diferente a los nuestros. Al parecer el flujo de energía en un sistema, ya sea por radiación solar, calor (donde hay diferencia de temperaturas) o radiación nuclear, tiende a organizarlo. Este es un proceso que va contra la entropía (la tendencia al caos) y es esencial para la vida. En la Tierra tomó casi tres mil millones de años producir un organismo multicelular como la esponja y cuando el mar se oxigenó el proceso se aceleró. No hay razón para creer que algo similar no haya ocurrido y esté ocurriendo en otros lugares del universo.
Sin salir de nuestro diminuto Sistema Solar tenemos lugares donde es posible imaginar seres similares a nuestros procariotes. En Venus hay una atmósfera densa, caliente, sin oxígeno y con azufre, condiciones que no soporta la vida multicelular como la conocemos, pero no difiere mucho del ecosistema en que prosperan las arqueas. Los científicos esperan que la primera expedición a Marte pueda encontrar los fósiles de esta vida, si la hubo.
Los mejores candidatos para sostener vida en nuestro sistema serían los satélites de los grandes planetas exteriores: las lunas de Júpiter y Saturno. Entre estos, el más interesante parece ser el frío mar de metano de Titán, la luna gigante de Saturno (5.800 km de diámetro).
De haber un flujo de energía en Titán, o los hielos del mar de Europa, satélite de Júpiter, son lugares donde es posible que prosperen organismos similares a nuestras arqueas.
UN ENFOQUE ALIENÍGENO
A pesar de su enorme variedad de formas, la vida terrestre que conocemos y nos es familiar tiene el mismo origen y tiene toda una sola forma de reproducción (el código genético helicoidal). Esto hace válida la pregunta de Sagan: “¿... reconoceríamos la vida extraterrestre si la viéramos? Nuestra imaginación trabaja en base a lo que conocemos. Solo sabemos, o al menos creemos saber, que el resto del universo obedece a las mismas leyes de la física. Si en otros lugares ha evolucionado una forma de vida basada en procesos que desconocemos y no imaginamos, su actitud será similar.
Supongamos por un momento que una forma de vida basada en otra química y en otros procesos metabólicos nos observa con instrumentos similares a los nuestros. Al ver un planeta rodeado por una atmósfera corrosiva de oxígeno y expuesto a la violenta radiación del Sol les deberá parecer un lugar totalmente inhóspito. Así como nos parecen extremas las condiciones que hemos observado en lo poco que conocemos, a un observador de otro sistema pueden parecerle extremas las nuestras.
TIEMPO Y ENERGÍA
Una de las condiciones que toma en cuenta el artículo de “Sky & Telescope” es el tiempo. Debido a que las estrellas tienen una duración inversamente proporcional a su tamaño, descartan los sistemas de estrellas grandes por no dar tiempo a la evolución. Las cifras mencionadas toman en cuenta todos los requisitos, incluyendo el flujo de energía y la evolución. Aun así los lugares aptos para la vida, en una forma que podemos imaginar fácilmente, se cuentan en millones en nuestra galaxia.
En varias oportunidades he dicho que sería el colmo de la soberbia creer que somos únicos en el universo. Desgraciadamente si, como creemos, las leyes de la física se cumplen en todo el universo, las probabilidades de conocer la vida extraterrestre virtualmente desaparecen.
Pongámonos en el caso de que la vida inteligente está muy cerca, en una de las constelaciones a mitad de camino entre nosotros y el centro de nuestra galaxia (la Vía Láctea).
Para hacerles llegar un saludo por esta Navidad, hubiéramos tenido que enviarlo cuando los primeros pobladores de América cruzaban el Estrecho de Beh-ring. Si nuestros vecinos lo descifran y contestan de inmediato, la respuesta nos llegará... para la Navidad del año 27.000. Es una pena.
Las arqueas tienen 3.500 millones de años, mil millones más que los organismos multicelulares.
